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Aquí hablando locuras

Nos preocupamos tanto por los estándares externos de aprobación social, que pasamos por alto la salud mental y el estado psiquiátrico de nuestros líderes.

Nunca sabemos a qué ‘loco’ le damos la responsabilidad de orientar nuestros territorios y administrar con nuestros impuestos las áreas donde esperamos tener un estado de bienestar.

Los elegimos creyéndoles todo su discurso. Pero no sabemos si son mitómanos. Desconocemos, por completo, si además son malévolos por gusto. Sádicos que disfrutan mintiendo y fabricando historias verosímiles que ordenan publicar en sus redes sociales, las de sus seguidores esclavizados y los contenidos de los medios en que pautan y construyen “la verdad”. Su verdad, no la que se evidencia en la falta de progreso, infraestructura y oportunidades.

Ellos saben que el pueblo -que por el espectáculo mediático y masivo de las redes sociales podría llamarse público- sigue creyendo las versiones del mundo que le vienen a través de las pantallas. Ese público tiene dos grandes grupos. Los seguidores-esclavos que defienden a su líder-tirano en todos los escenarios y formas posibles; incluyendo ataques virales cuando se agotan los argumentos.

Por otro lado, están los que ya no creen o nunca creyeron. Pueden denominarse ‘los otros’. Ellos, por su contacto crítico con la realidad análoga, la que se puede ver y vivir fuera de las redes, intentan desmantelar con argumentos las falacias discursivas de los líderes mentalmente inestables. Pero siempre terminan entrando en una nueva forma de espiral del silencio donde reciben contrargumentos, ataques y amenazas digitales. Rara vez un ataque físico, aunque quede latente.

Continuando con el tema, estos esquizofrénicos del poder construyen todo un mundo de fantasía donde la paranoia los lleva a tomar decisiones impulsivas y egocéntricas. No les importa nada más que su objetivo de crecimiento y expansión política para seguir usufructuando nuestros recursos. Mientras lo hacen, piden lealtad a sus seguidores y les compran con pactos temporales y rotativos. Los ‘loquitos’ necesitan de su propio rebaño para sentirse poderosos y los seguidores, en otra forma, también se sienten con poder al estar incluidos dentro de una gran familia de ciudadanos fuertes.

Y esto aplica también cuando la personalidad y el carácter del líder son sumisas y blandas. Porque, en el fondo, tienen las mismas ansias de poder. Unos y otros son solo dos caras de una misma moneda de cuero, que no vale nada. Mientras sigamos creyendo a los inestables de la mente, mientras no podamos pedirles un aval psiquiátrico, aquí no habrá desarrollo, equidad, justicia, nada.

Ya dejemos de creer que los locos, como los niños, dicen la verdad. Porque eso solo aplica cuando la mente se muestra diáfana en los actos y sabemos plenamente de sus estados de demencia y candidez infantil, respectivamente.

Dejemos de recibir los discursos en redes y medios como verdad innegable. Despertemos y empecemos a analizar las situaciones que son su responsabilidad. Las mismas que no han solucionado y cada día empeoran. Porque cuando tomemos conciencia de voto y acción política, será cuando podremos quitar a los locos de sus puestos y mandarlos al manicomio del ostracismo.

1 Comentario

  • Tremendo, una realidad no sabemos muchas veces en que manos estamos y por que dementes estamos siendo liderado, muchas veces somos usados para sus planes siniestros donde en sus mentes ni promesa nos encontramos.
    Profe gran discursos y exelente reflexión que nos lleva a la realidad.

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