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¿Deberíamos preocuparnos por las ‘Vacrim’?

Con la llegada de las vacunas (no vale la pena detenerse en cifras) la mayoría de las personas están preocupadas por cómo será su distribución ante el evidente déficit de dosis que del que se nos ha informado en los distintos medios (por cierto, buen día del periodista…al menos para eso nunca es tarde). Así mismo, se va dibujando un debate pasado de moda ya -como cosa rara en este país- sobre quienes se vacunarán, quienes no, y por qué. No obstante, lo que a mi me ha dado vueltas en la cabeza es la dimensión extorsiva que puede tomar este asunto en manos de un gobierno tan tiránico como el que nos corresponde. Como no tengo pruebas de ello y porque no soy periodista sino escritor y es por tanto mi deber generar una experiencia no informativa sino estética, me dispongo a dejar acá un pequeño esbozo protoapocalíptico de nuestro país una vez empiecen. 

20 de Marzo del 2024 

Han pasado ya cuatro años desde el momento en que se declaró a nivel mundial la alerta roja por una pandemia que arrasó con la economía del mundo. Hago mención del asunto de la economía porque la experiencia nos ha demostrado que al final, y de acuerdo con las palabras de posesión de Tedros Adhanom: eso es lo realmente importante. Incontables emprendimientos cayeron en las profundidades o fueron engullidas por los viejos dinosaurios de siempre. Algunas, que pueden parecer muchas con la depurada individualización mercantil que provocaron las redes sociales en cuanto al movimiento de capitales, bienes y servicios, lograron “reinventarse” o emerger a pesar de lo poco afables de las circunstancias. Otros tantos, como quienes estamos en el sector cultural, por ejemplo, seguimos sobreviviendo como lo hemos hecho desde mucho antes de la pandemia: con las manos sucias y la frente limpia. 

Cuando en el 2021 se anunció que llegarían las vacunas, nadie esperaba, tras la recepción de las primeras 50.000 que habrían de cubrir al 0.05% de la población nacional estimada, que el hoy todavía presidente, Ivan Duque (le pido recordar a quien lee que es algo hipotético y que espero de corazón que no sea así), haría el tan esperado llamado a la reactivación absoluta de la economía para que los bancos y grandes almacenes de cadena del país no siguieran sufriendo coma hasta ese entonces lo habían hecho. 

Lo primero que se decretó fue reforzar las medidas de cobro para quienes a la fecha presentaran cualquier tipo de mora con créditos, pagos de servicios públicos o cánones de arrendamiento. Para garantizar la operatividad del decreto el mandatario tuvo una estrategia brillante: “Vamos a priorizar a la población de los sectores vulnerables en el proceso de vacunación. Una vez vacunados aparecerán en un sistema que podrá ver cualquier persona -por asuntos de transparencia y seguridad, por supuesto-y así no tendrán excusas para no hacerse cargo de sus deudas. Podrán exponerse unos con otros sin mayores peligros.” Claro que cuando salió en su programa que ahora se transmite todos los días en el prime time, justo antes del reality Colomsite, en el que personas de distintas partes del país muestran cómo se infiltran en familias adineradas para sobrevivir, exitoso por su formato de documental, la idea del líder político fue expuesta sólo hasta el final de su primera sentencia, y por tal motivo fue muy bien recibida por toda la comunidad. “¡Por fin están pensando en la gente!” decían.

Pasadas algunas semanas, agentes de la policía y las secretarías de salud de cada localidad, empezaron a pasar puerta por puerta verificando que los habitantes de las casas de las personas que aparecieran reportadas en centrales de riesgo financieras estuvieran vacunadas. Si resultaba que sí, inmediatamente se llamaba a la entidad para generar un acuerdo de pago y si resultaba que la desdichada familia no tenía ingresos entonces se procedería con el embargo de los bienes disponibles. Desde entonces hay en las arcas de la nación una cantidad inapreciable de corazones de Jesus, últimas cenas y cristos, que si bien no sirven para paliar los malestares de las entidades, por lo menos si le recuerdan a sus antiguas propietarias que ni el gobierno ni el sagrado corazón (o la Virgen de Chiquinquirá) tienen interés alguno en interceder para que se les perdonen sus deudas. 

Sin embargo, y a pesar de la crudeza, hasta ese punto todo resultaba por lo menos justo; si uno se endeuda lo correcto es pagar. El problema fue que de un día para otro muchas personas que no habían sido vacunadas, o que habían recibido sólo una dosis (para toda la familia) eran mostradas en el sistema como “personas aptas para reactivación”. Muchos supusieron que tenía algo que ver con el decreto en el que el presidente, sabio y justo como el que más, en voz de la Ministra de Salud, Salud Hernández, llamaba a la población general a ponerse la mano en el “considere” puesto que los bancos se la habían puesto en el bolsillo para abrirle paso a los préstamos del gobierno (sostenidos en impuestos pagados por la gente) para poder prestarles cuando ellos lo habían necesitado, y que al haber sido priorizados en algo tan fundamental como la vacunación en contra del Covid-19 era cuando menos un acto de digna moral distribuir esa deuda de los bancos para con el Estado por medio de un impuesto pequeño, grabado no sobre cosas esenciales como la canasta familiar -sobre todo porque ya casi nadie gasta demasiado en eso- sino en bienes y servicios de lujo como dispositivos electrónicos, servicios de internet y telecomunicaciones en general. 

Por otra parte, y en plena coherencia con la idea de que el pueblo es lo primero, se ha decidido enviar a los grandes tiburones de la industria junto a los invaluables próceres a realizar sus actividades en pequeñas islas en las que por supuesto tienen lo apenas necesario para sobrevivir y garantizar el cumplimiento de su deber. Algo sumamente austero y considerado, que apenas si se compensa con el aumento de salarios para unos y reducción de impuestos para otros que no se ha puesto por nadie en discusión por ser la mínima amabilidad con quienes han dejado su propia tierra por el sumo beneficio de la misma. Además, el dinero para esto, por primera vez en la historia – no puede haber mayor demostración de sapiencia y virtuosidad intelectual por parte de nuestro soberano -estos gastos no salen de los impuestos del pueblo, no señor, son préstamos que hacen al gobierno los bancos…

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