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Despropósitos para otro calendario

Definitivamente hay que ser muy párvulos de pensamiento para seguir repitiendo después de cierta edad -y tal vez hable aquí de la edad de la especie- frases amañadas como “este año me enseñó que…” Amistad, al tiempo usted le es indiferente. No tiene nada que enseñarle y con toda seguridad eso que aprendió lo hizo a partir de sus relaciones con el medio y todos los elementos que habitan con usted en él. Agradecerle al año es ser ingrato con sus amistades, con su esfuerzo y con usted misma. Aunque claro, cuando hay que sacar lo malo es un escudo poderoso también; lo abstracto lo soporta todo. 

No he visto jamás que un calendario, representación de Cronos en la tierra, haga un cambio a menos que lo mande un dictador por algún interés aduanero. Esa grieta que trazamos con la tinta más endeble todos los años y para luego saltarla como si surcaremos el abismo, junto al sacrificio de incontables cerdos, reses, el desperdicio de espigas, champaña y lentejas, han de ser una ofensa para el señor tiempo que como bien sabemos gustaba más de devorar posibilidades y propósitos.

Si, fíjese usted que en pleno siglo XXI seguimos haciendo tributo a una figura imposible y además se lo hacemos mal. De esto que el primer despropósito que le propongo para el calendario del 2021 sea dejar de santificar las fiestas. Sea feliz cuando realmente quiera serlo sin dejarse presionar por ninguna fecha y en los días que un recuadro con un número le invite al festejo sin usted añorarlo, maldígalo y escúpale y siga como si nada. Va a ver que el tiempo, por no existir, de ningún modo se resiente. 

En segundo lugar, le invito a no ceder ante el autoerotismo psicológico que le venden los medios que no es otra cosa que mercadeo afectivo. Ya lo dije anteriormente: no hay peor propósito que la felicidad. Eso no es nada nuevo, lo dijo hace mucho Bauman que murió ya viejo: todas las ideas de felicidad terminan en una tienda. Lo más complicado es que ese discurso lo abarca casi todo. Para ser feliz hay que ahorrar y tener estabilidad, pero para ser feliz también hay que gastar y derrochar lo que se pueda de facto porque uno no sabe qué pasará luego (lo cual -no está de más decirlo- es una contradicción con aquello de estar celebrando fechas). Lo único que queda por fuera, y al menos por ahora, es todo lo que abarca ese conjunto de lo negativo. 

Aunque poco a poco el mercado ha ido abriendo sus puertas a la rabia, a la tristeza y al sin sentido; y hay que ver con qué frenesí consume y demanda nuestra sociedad derruida los souvenires y servicios de la ironía mediática. Por fortuna todavía hay gente sensata como ese economista invitado el 29 de diciembre a Noticias Caracol para sustentar cómo si es posible vivir con un salario mínimo. Creo que el canal se arrepintió un poco tras darse cuenta que invitaron a una persona honesta que dijo sin pelos que no sabía si se podía vivir con ese dinero (su cara decía que evidentemente no) pero que había que pensar en colectivo, que si en la casa hay más de tres personas ganándose eso, pueden generar estrategias, y lo más importante: que las personas no quieran tener una vida que no pueden tener. Si usted es pobre de cuna haga lo que pueda con esa pobreza.

Y claro, el hombre desconoce hechos tan básicos como que muchos hogares colombianos son dirigidos por una sola persona con ese ingreso. Pero hay que entender que los economistas no son sociólogos, ni tampoco los estadistas, esa gente sólo da cifras y conceptos numéricos; y creer en los números es como creer en cualquier dios: es un reconfortante acto de fe que logra algunos efectos en la práctica.

Por último, quisiera invitarle a dejar todas esas tonterías y ese cinismo de pretender que “todo va a estar bien” y peor aún, que ya “todo está bien” cuando el mundo grita a diario que no. Es insólito que usted ande despidiendo con jolgorio y ensoñaciones el “año viejo” que entre otras cosas se coronó con el asesinato de Yuly Daniela Patiño Pérez y reciba del mismo modo al nuevo que puso en primera línea y con tinta roja un enorme ¡SOY MÁS DE LO MISMO! con el asesinato de Michelle Amaya y de quien sabe cuántas otras mujeres y demás miembros de nuestra primitiva sociedad que sufren y caen por innombrables bejámenes mientras los demás decidimos “reiniciar”, hacer “borrón y cuenta nueva” abandonando en ello toda posibilidad de ser algún día una especie respetable y no este basural que lo mismo de una bolsa que de una niña hace un dato y un desperdicio. 

No le deseo nada porque eso de poner deseos en el otro es la sombra que principia la imposición de cadenas. No espero nada de usted, no le deseo absolutamente nada; haga lo que pueda con su idea de libertad

Falsa Esquirla 

Si usted tiene el don de la conciencia y sabe que no es capaz con estos despropósitos, no se preocupe, aquí le dejo algo más sencillo: 

Para el 2021 propongo seguir con la apropiación del lenguaje llevándola a una nueva fase de autonomía por medio de la reivindicación de expresiones que son más bellas por fuera de la norma. Así, en lugar de decir rebujo, chorreado y veteado, digamos con orgullo reblujo, chorriado y vetiado (incluso vetiao). 

Tal vez esto sea más fácil para usted que no cree en las causas sociales pero luego se entusiasma con el partido del tomate o la revolución de la cuchara. Que no lee un artículo sobre medio ambiente pero comparte un artículo fake sobre por qué las personas perezosas son las más inteligentes y con ello se convence de que hace parte del mundo y del cambio. No siendo más, recuerde que por el hecho de ser, y muy a pesar de usted, ya merece vivir y todo lo demás es un poco añadidura.

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