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El pan de cada día

¿Despertaste esta mañana y pudiste desayunar? ¿Cenaste anoche? ¿Recuerdas lo que almorzaste hace dos días? Si respondiste que sí a estas preguntas, agradece a la vida que no eres uno de los diez millones de personas en situación de inseguridad alimentaria severa que hay en América Latina.

A ver, te cuento. Resulta que en el continente se acentuaron los problemas que venían haciendo mella tras las fachadas de lucha contra la corrupción, persecución a los carteles de drogas y los endémicos conflictos binacionales de nuestras repúblicas bananeras. Todo esto gracias a los efectos de la pandemia por covid19.

Esto lo puedes apreciar en las conclusiones del Índice Global de Seguridad Alimentaria 2020, un estudio realizado por The Economist Intelligence Unit con el apoyo de Corteva Agriscience. Esta investigación se encargó de medir la dinámica de los sistemas alimentarios en 113 países a través de factores como asequibilidad, disponibilidad, calidad y recursos naturales, entre otros.

Según el estudio, en esta zona del mundo que tú y yo habitamos, se registró el mayor aumento relativo de este índice en el planeta, llegando a 10 millones de personas. Un alza significativa comparada con los 3,9 millones del 2019.

Los rostros de esos datos son encarnados por familias que, en lo que va de la pandemia, están teniendo dificultades para alimentarse de acuerdo con los estándares mínimos de cantidad y calidad. Familias cuyos miembros han perdido sus empleos y debieron llegar a medidas como la venta de algunas de sus pocas posesiones, solicitar préstamos con altos intereses a los bancos y retirar a los hijos de la escuela. Así explica la ONG Acción contra el Hambre luego de analizar el informe.

Dentro del estudio, Colombia ocupa el lugar 53. La situación en este país donde tú y yo salimos a trabajar a diario para conseguir dinero y poder comprar los productos de nuestra encarecida canasta familiar no es tan idílica. Aquí, de los 34.000 hogares encuestados, el 80% no cubre sus necesidades básicas de alimentación y vivienda. Además, -de todos los encuestados- el 20 % no tenía una fuente de ingresos estable, teniendo que optar por soluciones hasta para la vivienda, localizando arriendos más baratos, con menor calidad de servicios y en hacinamiento. Porque la verdad sea dicha: nuestros compatriotas afectados por la crisis están viviendo de a 2,5 personas por habitación y en el 13% de hogares, un dormitorio llega a ser compartido por cinco personas. Como unos vecinos míos que viven tres familias en una misma casa. O como los vecinos de mi cuñada, donde casi 40 personas comparten una casa de sólo tres habitaciones.

Imagina por un momento que eres un trabajador informal y es marzo de 2020. Sales a vender tu mercancía a diario y puedes comprar comida diaria, juntar para pagar el alquiler y enviar a tus hijos al colegio y la guardería. De un momento a otro, todo se cierra. No hay negocios abiertos, tus productos dejan de ser comprados, te escasea el dinero. El señor de la tienda dejó de fiarte porque canceló los créditos; el casero te cobra el alquiler y llevas 10 días de retraso. La factura de energía aumentó, tu hijo no va al colegio, pero tampoco puede conectarse a las clases porque no tiene computador. El bebé tiene hambre, llora… ¿Qué vas a hacer?

Vuelve a dar gracias por el pan de cada día y porque no eres uno de los 10 millones de latinos que tienen inseguridad alimentaria y -con todos los argumentos- engrosan el bloque de los 45 millones de personas en extrema pobreza que ha dejado la pandemia desde su llegada, hace casi un año.

1 Comentario

  • Triste situación, pero una verdadera realidad y lo más vergonzoso en nuestro país, dinero perdido, extraviado en la Corrupción, que cada día lo corroe, lo consume.

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