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Entre música y miedo, esperan a ‘Jorge 40’ en Valledupar

En los últimos días se escucha por las laderas del Cesar rumores del regreso de los paramilitares, noticia que nubló el ambiente del pueblo, esa tarde, donde de inmediato algunos de sus habitantes expresan que, con solo pensar en volver al pasado en el corregimiento de La Mesa-Azúcar Buena, a 15 kilómetros de Valledupar,se les ponen los pelos de punta”. “Aquí la vaina era templada”.

Cierro los ojos e imagino desde la distancia un Valle que entre colores cálidos lo adornan montañas frondosas y pintorescas junto con un río que atraviesa sus hermosos suelos, llamada la capital del Cesar, el famoso Valledupar. Por la mente no se me había pasado ni en juego que en algún momento esta tierra de cantores, poetas y grandes compositores que en medio de su música representaban aquellas vivencias y relatos que emociona a más de uno.

Estas mismas tierras que vieron crecer a muchos personajes ilustres como María Concepción Loperena, Pedro Castro Monsalvo, Consuelo Araujo Noguera y Rafael Escalona Martínez También tuvo el lujo o quizás el infortunio de dar a luz a uno de los paramilitares más grandes de Colombia, al señor ‘Jorge 40’ o como le decían de cariño ‘papá Tovar’.

Este hombre, aunque muchos afirman que era carismático y buena gente, tiene las mismas características de cualquier cacique de la droga que existe en el país. Vallenato de pura cepa, algunos al momento de su salida lo esperan con los brazos abiertos, y otros con zozobra de que el paramilitarismo vuelva a nacer, palabras con las que ‘Jorge 40’ afirmó en un medio de comunicación que el “paramilitarismo no va a morir jamás”. Al oído de cualquier persona, pasa desapercibido, pero a los habitantes del pueblo los pone a brincar en un solo pie y a cuestionarse ¿Vuelve la violencia?

Entre 1999 y 2006 los paramilitares se convirtieron en los dueños de la región. “Aquí no había institucionalidad, aquí se hacía lo que ellos decían o uno era un muerto más”, comentan los habitantes del pueblo, que con sus manos ajadas y el miedo en sus ojos explicaban que en 2000 en el corregimiento de Azúcar Buena llegó a existir la guerrilla del ELN, hasta que apareció el bloque norte de las autodefensas a exterminar a estos grupos.

Pero la pregunta que nos queda es ¿Por qué asesinaron y extorsionaron civiles por su causa? Porque hasta el que vendía tinto debía pagar una cuota y el que se quisiera ir del pueblo o esconderse en Valledupar “lo pelaban”, es decir, presos en su jurisdicción, en su libertad. El silencio es desgarrador en la primera la primera tienda que encuentras al llegar y diagonal se encuentra la escuela en donde habitantes del pueblo que no quisieron revelar su nombre por seguridad, me explicaban que ahí reclutaban a cada una de las personas para que hicieran parte de este bloque y se bajaban también los reclutas que venían de Valledupar.

Un pueblo de campesinos que se convirtió en un corredor paramilitar. Que empezaba en la entrada de Valledupar hacia La Mesa, en donde tenían un retén y ese pasaje terminaba en el ‘Mamón’, finca donde Tovar y Jhon Jairo Esquives tenían su base militar con más de 2000 hombres. El corregimiento de Azúcar Buena los muertos se encontraban uno a uno en la carretera, en algunos fincas donde habitantes mantienen recuerdos de encontrar brazos, huesos de personas que jamás se lograron identificar  y recuerdan con nostalgia las masacres, violaciones, extorsiones que hoy son el reflejo del pueblo.

Las tierras del Cesar, que han enriquecido a unos pocos y por la que han muerto muchos, han sido objeto de una intensa disputa. A diferencia de otras regiones de Colombia, la economía de este departamento, con una tradición feudal y agraria, despegó de manera tardía en la década de los sesenta, y lo hizo gracias al gran potencial de sus tierras. Primero dependieron del café de contrabando y de la ganadería. Luego vinieron el algodón, la marihuana y la palma. Por último, apareció el carbón, uno de los grandes generadores de riqueza en el país. Detrás de ese despegue se intentó consolidar un movimiento campesino que buscaba oportunidades laborales y el cumplimiento de una promesa de reforma agraria.

A medida que pasa el tiempo, existe el brote de nuevas generaciones, quizás en el olvido frente a una juventud que ignora su realidad y su pasado por situaciones adversas y algunas de la mano del modernismo queda en la historia de algunos aquellas extorsiones, masacres y víctimas que deja la violencia, los negocios que tienen un espacio de silencio en las víctimas que concibieron esta realidad.

Historias del común cuentan que Tovar tenía una relación estrecha con Ganaderos impecables, agricultores elegantes, hombres vestidos con finas camisas y con pantalones bien planchados. Al lado, sus señoras, protegidas del sol con sus gafas oscuras mientras se limpiaban el sudor y el maquillaje que les resbalaba por las mejillas. Eran los Pavajeau, los Dangond, los Castro, los Lacouture, los Cuello, los Araújo, reconocidos apellidos de Córdoba, Sucre, La Guajira y Cesar.

Más de 200 asesinatos, indígenas que habitaban el pueblo perdieron la vida por la dicotomía que vivía el país en ese momento, muchas personas de la zona desertaron, abandonaron sus fincas, se fueron a lo urbano, a la vida difícil, y que esa vida para el campesino es desconocida y dura; pero, así es la guerra, no pregunta si te quieres ir, te toca, porque son tus tierras o tu vida.

La pregunta del millón es: ¿Si ellos entraron ahí para limpiar el pueblo de las Farc, por qué terminaron matando indígenas? La respuesta es mucho más sencilla, volvieron un corredor de negocios de narcotráfico esa entrada que llega hasta la Sierra Nevada, un punto estratégico e inadmisible para que nadie se entrometiera en sus negocios, ya que estos grupos armados, utilizan sus ideologías para justificar sus actos, pero en el fondo terminan siendo unos delincuentes pendientes a sus beneficios personales.

Han pasado aproximadamente 20 años, y es de admirar cómo el pueblo surge nuevamente de la mano del campesinado para construir un futuro fructífero económico y social. Son los mismos campesinos y las campesinas, que se han tomado el trabajo, a través de algo que le llaman el “Mercado campesino” de brindarle valor nuevamente a su tierra, de correr la voz por cada vereda, por medios de comunicación, que quieren salir adelante, que aunque la guerra los hizo huir, están dispuestos a trabajar sus tierras, y defender con su vida, el pueblo tan bonito que los vio nacer, crecer y salir adelante, aunque la violencia los golpeara de esa manera.

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