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Eternos apagones de una tierra sin recursos

Diré, en primer lugar, que extrañaba disponerme a redactar mi columna para este medio. No porque sea lo que más demanda de mi a la hora de escribir, ni porque sea el sitio en que me exprese con mayor libertad. Pero por alguna razón me siento más serio y responsable; lo que me indica que, sin darme cuenta, me he asumido como un joven adulto dispuesto a ser parte de la miríada comunicacional cuyo paradigma es la lectura fáctica del contexto, la reacción basada en el conjunto de datos acumulados y el análisis inmediato -amañado- de cualquier circunstancia. En consecuencia, y porque no me interesa en lo más mínimo librar una batalla contra esta condición que por el contrario me dispongo a explorar, procederé a dar mis impresiones sobre algunos sucesos recientes en nuestra tierra, que contra todo pronóstico poético, pare no fueguitos sino extintores. 

Todavía no tenemos vacunas y nos quedamos sin titular de defensa. Aquí no caben expresiones como “por desgracia” o “por fortuna”, el devenir colombiano es simple: asumimos las consecuencias de nuestras inconsecuencias. Eso sí, no deja de resultar cómico, al estilo más griego posible, que el Ministro de defensa muriese a causa de un virus. Si fuese algún tipo de sátiro diría sin pudor que con tamaño acto final lo que hizo fue patentar el carácter con el que desempeñó su labor para la patria. Lo que sí me parece lamentable es que no hubiese ni una sola persona con valor nacional dentro del abultado grupo de los 50.000 muertos por Covid-19 (o de las enfermedades adoptadas por éste) para considerarse necesario un luto nacional que permitiera la realización del Carnaval del Diablo en Riosucio al que este año si tenía pensado ir como tributo a la pérdida absoluta de fe en una serie de causas ideales y la asunción de mi Yo materialista. 

Natalia Paris…mejor no. 

En Bucaramanga, Diana Carreño, fue golpeada con una botella en la cabeza, lo que le provocó una herida abierta y una contusión que bien podría ser una versión a escala de la montaña de frustración que representa para las mujeres y a un todavía muy reducido sector de la sociedad general, que hechos como estos sigan teniendo por gran parte de la población más o menos la misma calaña de respuestas que justifican la violencia entre una y otra parte de la especie. Porque ese es el asunto, uno podría decir: es que no hace falta decir que era mujer, porque sencillamente es violencia. No señor, y digo señor sea usted hombre o mujer, pero que se mueve evidentemente bajo estándares patriarcales protodivinos y que por lo tanto no tiene género. Si usted no tiene conciencia de género no puede existir en el género. Cogito ed genus, Ergo sum ed genus. Usted ha de ser, con toda seguridad un homúnculo dotado de consciencia reflexiva, pulgares oponibles y demasiadas comodidades (por lo menos de orden mental) 

Proverbialmente considieron Felipe Guamán Poma de Ayala, Jacques Lacan y Virginia Woolf, al decir que el juego de los espejos, que es también el juego de los héroes y los villanos, es una base insondable de las relaciones humanas, tanto con nuestra especie como con las otras. Así, en cada víctima y en cada victimario no nos dignamos en atender la cuestión desde una mirada fenomenológica sino que proyectamos allí nuestros miedos, prejuicios, frustraciones y resentimientos.

En las dos situaciones comentadas hay violencia, en la segunda se marca más que en la primera, pero en la primera hay más, o por lo menos así lo veo yo en tanto que a causa de la negligencia del Estado -del que Holmes hacía parte directa- por la incompetencia y letargo intelectual de sus miembros, se siguen sosteniendo todo tipo de discursos ridículos con respecto al lugar de unas y otras en el entramado social. Por hacerse los ciegos ante la evidencia de su estupidez o tal vez porque su estupidez es al mismo tiempo la artífice de su ceguera, es que aparecen un montón de extintores a querer apaciguar el fuego de las denuncias y las medidas de justicia necesarias. Pero no podía ser de otra manera: en el país del sagrado corazón no puede regir la ley del fuego que ilumina sino la del ángel exterminador. Hay que dejar el juego de los espejos y también el de los dioses: No representamos como simples seres humanos ningún ideal, ningún ideal nos representa; somos en todo caso una sumatoria de materias. Habrá que dedicarle más tiempo a ver de qué estamos compuestos.

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