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Hoy la realidad se ha inmiscuido en la comodidad de muchos

Lo que ha vivido Colombia desde el 28 de abril ha sido una situación compleja para muchos.

Debido a los bloqueos en vías principales, algunas personas se han visto afectadas puesto que no obtienen alimentos para comer y por obvias razones se quejan; sin embargo, no se detienen a pensar que en muchos territorios del país la comida no llega, y si llega no es asequible para estos.

Según datos del Programa Mundial de Alimentos, llegados al mes de octubre del 2020, 10,9 millones de colombianos tienen un consumo insuficiente de alimentos, cifra que subió a 12 millones durante los meses de agosto y septiembre.

Y esto ni siquiera se da sólo en territorios de población vulnerable, sino también en zonas urbanas donde muchos de la clase media sobreviven con el plato típico: arroz con huevo. A veces alcanza para desayuno y almuerzo, y a veces sólo para una de las tres comidas. Y todo esto sin incrementar los precios de la canasta familiar; si el proyecto de la Reforma Tributaria se hubiese llevado a cabo ¿Cuántas familias no morirían de hambre?
Según el DANE, el 88,9% de los hogares colombianos podía consumir tres comidas diarias; hoy, sólo el 68,1% tienen las tres comidas, mientras que el 29,2 % come dos veces al día y el 2,6%, una vez al día.

Muchos ciudadanos manifiestan que ha sido difícil movilizarse en la ciudad, porque a causa de protestas llegan tarde o ni siquiera llegan a su destino. En relación al punto anterior, muchas veces las personas de bajos recursos caminan por horas para llegar a su hogar, o a donde se dirijan, y poder ahorrarse así el pasaje para comprar comida; es como si para ellos las calles estuvieran bloqueadas con frecuencia, porque al fin y al cabo no tienen otra opción más que caminar.

Una de las cosas más negativas del paro es que muchos sitios han sido destruidos, entre esos supermercados, grandes almacenes, estatuas, edificaciones del Estado, calles, estaciones de buses y demás; esto de alguna forma ha afectado a las personas de bien.

Aquí entra en juego entonces la tan debatible comparación de destrucciones de estructuras físicas y muerte de protestantes. La ciudad se cae y es una tragedia, aun cuando se puede restaurar o remplazar porque se trata de algo material, pero las vidas que se pierden no son motivo de indignación para quienes se quejan, teniendo en cuenta que esto es lo único imposible de recuperar, porque para este Gobierno y sus fieles seguidores la vida de los necesitados no importa.

Lo cierto de todo lo que ha acontecido desde el inicio de las protestas, es que las personas de bien, como se suelen denominar aquellos que no marchan, no hacen escándalo, no se quejan y por supuesto, no se indignan, es que les ha tocado, de cierto modo, vivir como siempre viven las personas más necesitadas en el país. Han tenido que pasar “necesidades” como en algunas zonas de La Guajira y el Pacífico, y esto, desde luego, les incomoda.

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