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Ilustración realizada por Danesa Camacho

La batalla de Gaira

Un suceso violento marcó el inicio de la Gaira que conocemos hoy. Al igual que otros barrios antiguos de la ciudad, sus tierras cercanas al río que porta el mismo nombre, eran habitadas por el pueblo indígena Tayrona.

Aunque los archivos locales no precisan el día, entre el 19 y 23 octubre de 1510, sus habitantes vencieron por primera vez un grupo de españoles que constantemente se desplazaba en el territorio en busca de agua dulce. El enfrentamiento recibió el nombre entre los historiadores como la ‘Batalla de Gaira’ y ocurrió 15 años antes de la fundación de Santa Marta.

Cuando escuchaba sobre ello, años atrás, durante la pequeña conmemoración de sus 500 años, pensaba en que esta es solo una de las batallas que ha librado Gaira a lo largo de la historia. Al igual que Santa Marta, los habitantes han tenido que enfrentar una atención de salud precaria, servicios públicos deficientes y la plaga de clanes políticos que inunda al Magdalena desde épocas cercanas a la colonia. Gaira, es una de las poblaciones más cercanas al mar en la ciudad, solía ser un corregimiento, pero desde hace un par de años entró a ser parte de una de las 9 localidades del distrito de Santa Marta. El barrio se caracteriza por sus tierras arenosas a causa de innumerables sequías a lo largo del año.

Las deficiencias del servicio de agua son constantemente el escenario de las manifestaciones de la comunidad, al igual que en Santa Marta estos reclamos son ignorados sin descaro y solucionados de forma parcial.

Gaira, según la oralidad popular es un vocablo tomado del nombre de su primer gobernante indígena, al cacique Gairaca. De hecho, al tratarse en sus orígenes de un pueblo indígena sus actividades económicas se basaban en el cultivo de árboles frutales, caña de azúcar y maíz. Los hombres se dedicaban a la pesca con grandes redes fabricadas a partir de fibras naturales. Su lugar principal era Puerto Gaira, una pequeña bahía que gracias a las extensas construcciones que crecen desde la playa El Rodadero, se transformó en una zona residencial conocida como “Los cocos”.

Desde hace décadas la pesca es un oficio menos practicado que en otras zonas costeras del Magdalena; como es el caso de la ciénaga grande y los sectores contiguos de Taganga; un pueblo pesquero que al igual que Gaira se ve amenazado por el atropello de las industrias.

En la actualidad, los pobladores de Gaira han trasladado sus prácticas económicas al turismo que se da en las playas cercanas como El Rodadero y Pozos Colorados. Ya sea en empresas operadoras de turismo como agencias, hoteles y restaurantes o ventas informales en las carpas que se ubican en la orilla del mar.

Gaira es solo un reflejo de una Santa Marta que descuidó sus prácticas de agricultura, ignoró la importancia de los ríos Gaira y Manzanares, no se preocupó por las contaminación de las playas a causa de un turismo sin regulaciones, permitió la apropiación de playas públicas a manos de grandes condominios e ignoró el robo de recursos públicos para infraestructuras dignas de salud y educación. Santa Marta al igual que Gaira tiene una proliferación de autos de lujos, pero sin vías públicas adecuadas donde transitar. Igual a una ciudad que años atrás le cantaban que: “tiene tren, pero no tiene tranvía”.

En ningún lugar del distrito o fecha especial de Santa Marta como es hoy 29 de Julio, vemos un homenaje a esos “hermanos mayores” que aún sin influencias políticas defendieron su territorio de los invasores. Esos mismos invasores que hoy construyen puertos, destruyen la Sierra Nevada hectárea por hectárea y se apoderan de las esferas públicas de la ciudad.

Como ciudad tenemos mucho que aprender de la batalla de Gaira pues resulta que actualmente no estamos lidiando con las nuestras. ¿Por qué? Las estructuras de salud son deficientes y desorganizadas, las vías públicas se hunden cada año sin justificación, porque a pesar de ser de conocimiento público el problema de abastecimiento de agua elección tras elección nos quedamos en las promesas, no tenemos una cobertura óptima de educación y olvidamos que el Magdalena es mucho más que nuestra capital.

No estamos peleando nuestras batallas porque seguimos aceptando estas situaciones, estas empresas y estos líderes. A diferencia del pueblo indígena que ganó esa batalla, hoy parece que las perdemos todas y lo peor es que hoy a solo 5 años de cumplir los 500 años de fundación de la ciudad, no nos importa.

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