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La equívoca cotidianidad de la expresión «calumnia»

La cotidianidad lingüística ha propiciado entre nosotros/as la costumbre de emplear el término «calumnia» en contextos informales para indicar que se han expresado falsedades sobre una persona, esta es una situación que a lo largo de mi vida he presenciado, pese a ello, sólo hasta mi paso por la facultad de derecho comprendí todo el trasfondo que subyace en el uso de esta expresión.

Para empezar, el Diccionario de la Lengua Española –DEL, define a la «calumnia» como una «acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño», por lo que, sólo hasta este punto y desde una perspectiva gramatical, indicarle a una persona que ella está lanzando una calumnia por el simple hecho de mentir u ofender, no tendría mayor relevancia e implicación lógica; sin embargo, debe saberse que esta misma expresión se encuentra enmarcada en nuestra legislación u ordenamiento jurídico como un delito contra la integridad moral, es por esto que el artículo 221 de la Ley 599 de 2000 (Código Penal Colombiano), establece que incurriría en él, «El que impute falsamente a otro una conducta típica», entendiéndose en este contexto a la conducta típica sencillamente como un delito.

A su vez, sobre esta expresión han surgido múltiples pronunciamientos  y debates al interior de instituciones como la Honorable Corte Suprema de Justicia, quien en su Sala de Casación Penal, estableció que la calumnia como delito se encuentra estructurada por cuatro elementos, que a saber son: (i) la atribución de un hecho delictuoso a persona determinada o determinable, (ii) que el hecho delictuoso atribuido sea falso, (iii) que el autor tenga conocimiento de esa falsedad y, (iv) que el autor tenga la voluntad y conciencia de efectuar la imputación.

En este orden de ideas, si Pedro lanza meros insultos, mentiras o falacias en contra de María, ella no podría decir que él la está calumniando, puesto que Pedro no está acusando falsamente y con pleno conocimiento de causa, a María de la comisión de un delito; en cambio, si Pedro acusa a María de hurtar sus elementos personales aun a sabiendas que fue una tercera persona, María sí podría indicar que Pedro está cometiendo una calumnia en su contra, e incluso, iniciar las acciones legales a que haya lugar.  

Ahora bien, merece la pena resaltar que el artículo 220 del Código Penal Colombiano, contempla la denominada «injuria» como aquel delito cometido por «El que haga a otra persona imputaciones deshonrosas», lo que significa que, cualquier manifestación que una persona realice sobre otra, puede convertirse en una injuria en el evento en que esta última considere que dichas declaraciones atentan contra su honra, buen nombre o integridad moral, por lo que, respecto al primero de los casos expuestos en el párrafo anterior, María podría acusar a Pedro de la comisión del delito de injuría a causa de aquellos insultos, mentiras o falacias que él ha expresado en su contra.

Expuesto lo precedente, es claro que, para poder hablar de la configuración de una calumnia debemos estar necesariamente ante la acusación de un tipo penal o delito, mientras que, respecto a la injuria, basta con la presencia de señalamientos deshonrosos, que veraces o no, atenten contra la integridad moral del sujeto sobre el cual recaen.

En relación a estas conductas, la academia ha propiciado discusiones en las que se cuestiona acerca de si ¿tipificar a la injuria y a la calumnia como comportamientos delictivos, representa una limitante del derecho a la libertad de expresión consagrado en el artículo 20 de la norma constitucional? A mi juicio, en lo absoluto, el buen nombre es uno de los derechos que más difícil resulta resarcir, y su violación es más frecuente de lo que parece, puesto que como ciudadanos sometidos a normas de convivencia y justicia muchas veces se nos olvida que nuestro derecho termina donde empieza el de los demás.

Así, mi intención a la hora de dedicarle unas cuantas líneas a esta temática se resume a que, en primer lugar, el lector o lectora aun sin ser abogado comprenda y aplique dentro de su léxico diario el uso correcto de estas locuciones y, en segundo término, reflexione sobre la forma en que se expresa de las personas que le rodean, pues, muchas veces hablar antes de pensar puede traernos problemas incluso de la magnitud de un proceso penal.

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