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Ni vistiendo de seda

Más allá de los chistes y memes que genera el código QR en el nuevo atuendo de la Policía Nacional, está la devaluada imagen que esta institución tiene hace tiempo y que no va a solucionar con un simple ‘cambio de cara’.

Porque no son solo los atropellos del Esmad que se emiten en las noticias o se vuelven cadenas de WhatsApp. O los escándalos de conductas impropias que colman titulares de información y opinión, como lo fue la denominada “Comunidad del anillo”. Están también esos policías que arman un retén en una calle cualquiera, sin poner conos ni avisos para cumplir con sus cuotas de revisión de antecedentes, capturas y comparendos. Y aquellos que, en esos mismos retenes, extorsionan o reciben sobornos para no poner una multa. O aquellos que reciben gaseosas y otros detalles de la gente para omitir su actividad o evadir su responsabilidad.

No todos los policías son malos, pero hay demasiados que no llegan ni a regular.

La institución está bien diseñada y pensada. Es perfecta. Pero es manejada por hombres. Por seres humanos imperfectos que – en una sociedad corroída- sacan a flote su índole, su calaña. No llegan a servir y proteger a la comunidad. Llegan a buscar estabilidad económica, a ganarse una pensión y ganar cualquier dinero extra durante el turno porque son la autoridad y-además- están blindados entre ellos mismos. No se pisan las mangueras y se cubren las embarradas entre sí.

Que sí. No todos son así. Pero estos opacan a los que hacen las cosas por la buena.

Así el presidente, el director de la Policía o quien sea, diga que esto es el inicio de un cambio y fortalecimiento de la institución, esto en realidad es vestir al mono de seda. De seda oscura, parecida a la de los países del primer mundo (otra muestra del arribismo colombiano), donde para ser policía se debe ir a la academia y destacarse en pruebas de conocimiento y físicas. Donde los niveles mínimos están por encima del ser bachiller en un colegio abandonado por el estado y donde el nivel de bienestar no es el de alguien que elige meterse a ‘tombo’ para no andar con el ‘gallinazo montado en el hombro’ por estar en malos pasos con pandillas, bandas, combos o carteles.

Pero no todos los policías vienen de abajo.

Pero tampoco es fácil que un uniformado de estrato dos pueda pagar los cursos que se requieren para ascender y convertirse algún día en oficial de alto rango. La policía es otro reflejo del país. Las diferencias sociales y los abusos de poder también están dentro del paisaje.

No es cambiar de cara, es cambiar la estructura completa. Y eso no vendrá desde los políticos. Créame que no. Se requiere que el ciudadano despierte más, cambie y promueva con ejemplo el cambio de mente, de cultura. Dejar la corruptela y las manías viciosas del día a día para formatear el chip del país. Cambiando el ciudadano es que se cambia el país. Incluyendo a la Policía.

¿Que cómo se cambia? Empiece por buscar la respuesta.

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