Version Abierta

Un Punto y aparte

¿Qué podíamos esperar? Lo del Cauca es un asunto con todos los precedentes y con demasiado parangón en la cotidianidad nacional como para que la población general se alarme por ello. Como si no hubiera sido en este mismo país donde hace menos de un mes se encontraron en su mancillado Chocó una cantidad escabrosa de “casas de pique” y fosas subacuáticas, como si no fuera este mismo país en el que hace unas semanas se estableció que la cifra de uniformes de la guerrilla y balas del ejército malversadas llega a un inaudito número de 6.402 ¿Cómo iba a reaccionar la gente de este mismo país que a mediados de este mes veía cómo le disparaban a sus indígenas que de la noche a la mañana, y por vos del presidente, perdieron su calidad de ciudadanos? Nada, nada podría esperarse del país que se molesta por las pérdidas materiales ocasionadas por las manifestaciones sociales y calla ante las catástrofes ocasionadas por la deplorable administración pública, del país que sabe de escuelas derruidas y prefiere gastar en fiestas porque borracho y estúpido es doblemente feliz. De este país que se molesta y se siente vulnerado por un bloqueo en las vías pero no se inmuta por los desplazamientos y muertes que ocasionan los mega proyectos a lo largo y ancho del país, no sólo a la especie humana sino a las de todas los hábitats. Nada, absolutamente nada sería sensato dejar en manos de este país que paga diez mil por unas papas fritas en la calle pero luego dice que ocho mil por un kilo es demasiado y que eso es por culpa del paro aunque hace unos meses salía en los noticieros que los paperos vendían los bultos a cinco mil, que no comprende lo que implica el asesinato de periodistas, humoristas y líderes sociales, que se queja más por la mala decisión de un árbitro que de un gobernante, que sumido en la desigualdad y la miseria defiende los modos de vida que le dejaron así y a quienes los fundaron. Ni el más tonto de los ciegos esperaría algo de este país cuyos habitantes a media noche portan lentes para el sol, de este país que mientras da el primer mordisco a lo que sea su desayuno habla de la destitución de un ministro como si se tratase de una mancha en el pan o en la arepa (y con menos encono) y cuando sorbe la sobremesa ve los antecedentes del nuevo ocupante del cargo sin sentir amargo el trago. Ni el más terco de los sordos malgastaría su tiempo aguardando una señal de conmiseración en este país donde antes de recibir cuerpos de jóvenes ya el río había agonizado, al que le ponen fierros calientes en las heridas abiertas y le dicen que es fuerte y que es capaz de sobreponerse a todo y se lo cree aunque haya desarrollado una grotesca gangrena, al que le han amputado brazos y piernas, al que le han sacado los ojos y cortado la lengua una serie incontable de tiranos que avergonzados de sus acciones prefieren eliminar miradas para que no se enteren, voces para que no sentencien, pies para que no se movilicen y manos para que no señalen. No otro, sino un espíritu famélico, delirante por la inanición y acostumbrado a la más honda incertidumbre, podría tener sus esperanzas puestas sobre este país en el que habiendo visto lo imposible, reniega de la evidencia contra los villanos y se llena de fervorosa fe ante las sospechas muchas veces infundadas que ponen estos sobre sus enemigos. De este país que es enemigo de sus ejecutores por ser ellos lo que son y el pueblo lo que es, y aún así, secunda sus terribles acciones porque prefiere vivir bajo la sombra del árbol de frutos podridos antes de vérselas con la luz del sol. Únicamente un tonto, un párvulo acaso, creería todavía posible un buen devenir para este país en el que uno podría pasarse la vida recordando agravios de los que todo mundo se acuerda prefiriendo no acordarse y defendiendo su preferencia con descarado y cómplice mutismo, de este país que a punta de de disparos y gritos de sufrimiento a viciado su aire y los pulmones y la sangre de sus gentes que son todas anfibias; capaces de vivir entre valles yermos y nauseabundos fósiles hídricos. Que no espere nadie nada de este país.

Por suerte, este país del que les hablo parece estar terminando y merecen un punto y aparte su nueva gente, su nueva fuerza y su nuevo canto.

2 Comentarios

  • Definitivamente “Nada nada se puede esperar. Se sigue viendo un gobierno que presta sus placas oficiales a seres sordidos; con el único que fin de seguir pregonando campañas de terror, injusticia, desigualdad y una falsa placidesz. “Ay país”

  • Definitivamente “Nada” nada se puede esperar. Se sigue viendo un gobierno que presta sus placas oficiales a seres sordidos; con el único que fin de seguir pregonando campañas de terror, injusticia, desigualdad y una falsa placidesz. “Ay país”

Siguenos

No seas tímido, ponte en contacto. Nos encanta conocer gente interesante y hacer nuevos amigos.

Noticias mas relevantes

¿Quiénes Somos?